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El Unicaja se prepara para un verano muy largo, al estilo del de 2022

La temporada ya acabó para el Unicaja. Mientras los 8 mejores equipos de la Liga siguen jugando el play off por el título, en Los Guindos ya se piensa en la próxima temporada y se aborda un mercado estival que tiene pinta de que será muy largo. Y es que el Unicaja entra en uno de esos veranos que no se pueden resolver con prisas. Ni desde los despachos ni desde la grada. El final de la era Ibon Navarro, con el Estrella Roja apareciendo como destino más probable para el técnico vitoriano, obliga al club a abrir una nueva etapa justo después del ciclo más brillante de su historia. Siete títulos, una identidad reconocible, un baloncesto admirado en España y en Europa y una comunión casi perfecta con el Carpena. Todo eso queda ya como herencia. Ahora empieza otra cosa.

Paciencia

Y esa otra cosa exigirá tiempo. Mucho tiempo. El Unicaja no solo tiene que encontrar un entrenador capaz de tomar el testigo de Ibon Navarro, algo ya de por sí complejo. También tendrá que reconstruir una plantilla que necesita varias piezas nuevas. Al menos cinco o seis fichajes, además de la incorporación ya prevista de Melwin Pantzar, firmado desde el pasado verano y llamado a formar parte del proyecto verde después de su etapa en Bilbao. Demasiados movimientos como para pensar que todo puede quedar cerrado en cuestión de días o solo unas pocas semanas.

El espejo de 2022

El mejor espejo para trabajar ahora está en el verano de 2022. Entonces, el Unicaja también venía de una etapa agotada, necesitaba aire nuevo y decidió hacer una profunda remodelación alrededor de Ibon Navarro, llegado unos meses antes al club. No fue un mercado inmediato ni sencillo. El primer fichaje, Kendrick Perry, se anunció el 13 de junio. El último, Tyson Carter, no llegó hasta el 4 de agosto. Entre medias, en esos 52 días, fueron apareciendo sucesivamente Nihad Djedovic, David Kravish, Dylan Osetkowski, Tyler Kalinoski, Will Thomas, Augusto Lima y Melvin Ejim. Nueve incorporaciones para cambiar por completo la cara de un equipo que, pocos meses después, empezaría a escribir su mejor página de la historia.

Aquel verano enseña una lección que conviene no olvidar ahora: los equipos competitivos no siempre se construyen pronto, se construyen bien. El Unicaja de los siete títulos no nació de una semana de acelerones, sino de una planificación paciente, de oportunidades que fueron apareciendo, de negociaciones largas y de una dirección deportiva capaz de ajustar el tiro hasta el final. Carter, sin ir más lejos, fue el último en llegar y acabó siendo MVP de la Copa del Rey de Badalona solo unos meses después. Y es que la paciencia también ficha.

Un mercado con muchos depredadores

La dificultad de este verano será todavía mayor. El Unicaja no juega en el mercado con las mismas armas que los grandes presupuestos de la Euroliga ni con los clubes que pueden poner sobre la mesa contratos muy superiores. Ahí empieza la verdadera batalla. Habrá muchos equipos buscando bases, escoltas, aleros, interiores y cupos. Habrá clubes con más dinero, con la Euroliga como reclamo y con capacidad para romper operaciones cuando el Unicaja ya las tenga incluso avanzadas. Ese es el contexto real. Por eso será clave no dejarse llevar por la ansiedad. Fichar rápido puede tranquilizar durante unas horas, pero fichar bien es lo que sostiene un proyecto durante años.

La dirección deportiva cajista, con Juanma Rodríguez a la cabeza, tendrá que moverse con la misma frialdad que en 2022. Detectar talento antes que otros (lo ha hecho con Pantzar), esperar descartes de mercados superiores, aprovechar ventanas concretas y convencer a jugadores que quizá tengan más dinero en otro sitio, pero no siempre un entorno deportivo tan estable y una oportunidad para progresar como en Málaga. El Unicaja ya ha demostrado que puede ser una plataforma extraordinaria para crecer, competir, ganar títulos y multiplicar el valor de mercado de sus jugadores. Esa será una de sus mejores cartas.

El entrenador, la primera gran piedra

La elección del nuevo técnico marcará todo lo demás. No se trata solo de poner un nombre en el banquillo, sino de decidir qué Unicaja viene ahora. La etapa de Ibon Navarro dejó un equipo intenso, coral, tácticamente reconocible, con hambre defensiva, ritmo ofensivo y una estructura colectiva por encima de las individualidades. El sustituto no tendrá que copiar exactamente ese modelo, pero sí entender qué ha hecho grande al club en estos años.

A partir de ahí, llegarán los fichajes. O deberían llegar. Porque antes de cerrar jugadores será importante saber qué idea de juego quiere el nuevo entrenador, qué perfiles encajan y qué piezas de la actual plantilla siguen siendo pilares. Es un verano de muchas decisiones encadenadas. El banquillo condicionará el mercado y el mercado condicionará el techo competitivo del nuevo Unicaja.

Hay una parte muy positiva. El club no parte de cero. Esa es una diferencia importante respecto a 2022. Entonces había que reconstruir una identidad casi desde los cimientos. Ahora hay una cultura ganadora, una estructura deportiva consolidada y un prestigio ganado a base de títulos. El reto no es inventar el Unicaja, sino evitar que se desdibuje.

Afición

La afición, acostumbrada en estos años a ganar y a reconocerse en su equipo, tendrá que hacer también su parte. Entender que una reconstrucción no se mide en junio. Ni siquiera en julio. El verano será largo, seguramente incómodo por momentos, pero no necesariamente malo. En 2022 también lo fue. Y de aquella espera saló un equipo de leyenda. De aquella paciencia nació un campeón.

Fuente original: www.sport.es →